lunes, 15 de julio de 2013

Capítulo 2 - ¿Casualidad?

El golpe no me dolió, aunque sí me morí de vergüenza, me giré para disculparme con el chico con el que había topado. Me era familiar, sabía que le había visto en algún sitio pero no caía donde.

El chico era rubio con el pelo un poco largo y flequillo (suelo fijarme mucho en chicos con flequillo, es algo que siempre me ha gustado) de piel muy blanca, con unos ojos miel muy hermosos en los que uno se podría perder fácilmente y una sonrisa preciosa, muy dulce. No podía quitarme de la cabeza de dónde podía haber visto a ese chico (que hay que reconocer que era muy guapo).

- ¡Perdona! - me dijo el sonriendo.
- No, perdona tu, iba despistada buscando un trozo de pastel - le respondí.
- ¿De chocolate? - Preguntó.
- Si, me encanta el chocolate - me reí.


Me dirigí a coger el trozo de tarda pero él estaba en medio y no llegaba. Vio que me obstaculizaba, así que alargo su brazo y me acerco el plato (la verdad es que ese pastel tenía una pinta exquisita, pero no sabía que era mejor si la pinta del postre o que me lo acercara un chico tan guapo).

- Muchas gracias - le dije mientras con la otra mano me colocaba el pelo detrás de la oreja. Estaba nerviosa lo sabia porque ese gestó suelo hacerlo cuando lo estoy.

Le di las gracias de nuevo y me volví a la mesa donde me esperaba Ester (que no me quitaba ojo), sabía que cuando me sentara me haría millones de preguntas.

- ¿Tía, has visto que chico mas guapo? - me dijo ella con cara de picarona.
- Como para no verlo amiga, si hasta me lo he comido al pobre - me burlé.

Cuando nos terminamos los postres, fuimos hacia las habitaciones, y para llegar hasta el ascensor hay que pasar por recepción, donde el chico que estaba ahí (hay que remarcar que era muy mono) nos saludó con una sonrisa y un guiño.

Llegamos al ascensor y nos dirigíamos a la segunda planta donde se encontraba nuestra habitación, entramos y nos tumbamos cada una en su cama. La verdad, me daba un poco de envidia Ester y su cama con esas vistas cuando yo solo veía un armario, ella se dio cuenta y me invitó a su cama a disfrutar de las vistas con ella. Y la verdad es que eran impresionantes.

Ester miró hacia abajo, se veía la piscina, era una piscina muy grande que por las noches cambiaba de color y nos hizo gracia, así que decidimos ponernos los bañadores y como estábamos en verano nos dirigimos a abajo a bañarnos.

Cuando llegamos vimos que había muy poca gente, la verdad es que pensábamos que había mas, pero bueno, eso daba igual ya que íbamos a divertirnos de todas formas.
Nos apropiamos de un par de tumbonas que vimos por ahí y pusimos nuestras toallas, a Ester no le apetecía mucho sumergirse en el agua así que nos sentamos en el borde y metimos los pies mientras planeábamos el día de mañana. El agua estaba buenísima, no estaba muy fría y con el calor se estaba muy bien, y para ser sincera me hacia mucha gracia que cambiara de color. Mientras tanto la gente se iba marchando. 

De repente oímos unas voces, parecía que había más de una persona, se reían mucho y daban algún que otro chillido. Pasaron por detrás nuestro, eran cinco chicos, había tres morenos con el pelo hacia arriba y dos rubios con melena.

No lo podía creer, uno de esos chicos era el rubio con el que me topé en el bufet, Ester se dio cuenta y me dio un codazo. Le eche tal mirada asesina, que mi amiga habría quedado fulminada.
Ellos se dirigían a la puerta (supongo que ya se iban a sus habitaciones) cuando el chico de la tarta se giró y nos vio.

-  ¡Heey! tu eres la chica del chocolate! - nos saludó.
- Sí - respondí mientras nos levantábamos.
- Y que, ¿estaba buena? - se rió.
- Mucho, no me esperaba menos de una tarta de chocolate.

Los cinco se acercaron, ¿era muchas casualidad, que me volviera a encontrar con ese chico, que ni siquiera me sabía su nombre?

- Perdona, me llamo Carlos, y estos son mis amigos Álvaro, Blas, David y Dani. Bueno, al menos ya sabíamos que él se llamaba Carlos y que íba con otros 4 chicos. Entonces me vino a la mente, estos chicos, los conocía, de vista, ¡Sí! Estaba segura que les había visto por la tele alguna vez y cantaban y la verdad es que no lo hacían nada mal.

- Yo me llamo Ester encantada. - dijo mi amiga - Y ella es Tamy mi amiga y sí, amante del chocolate. - siguió después.
- La verdad es que no la culpo, quien no cae ante la tentación del chocolate - se rió Carlos.
- Tío, aquí el único que cae ante "tal tentación" eres tu - dijo Álvaro poniéndole una mano en el hombro.
- Perdonar chicas, somos unos groseros. - dijo Blas mientras se nos acercaba para darnos dos besos y detrás de él, los demás también se acercaron.
- ¿Y que hacen dos chicas tan jovencitas y solas por aquí? - preguntó David.
- ¡Pues disfrutar del verano! Ganamos un sorteo y el premio era un mes de vacaciones en el sitio que tu quieras y todo pagado. - Digo mi amiga.
- Si, así que buscamos islas que estuvieran bien y al ver esta, nos encantó y aquí estamos. - respondí.
- Pues que suerte tenéis chicas, ya me gustaría a mi ganar un premio así. - Dijo el otro rubio que respondía al nombre de Dani.
- Bueno, entonces nos veremos a menudo ¿no? - Dijo Carlos mientras volvía a sacar esa sonrisa tan dulce. 

- Pues sí, supongo... - respondí otra vez nerviosa.
No lograba entender porque cada vez que el sonreía de esa forma me ponía tan nerviosa, tanto que parecía hasta tonta y Ester se había dado cuenta, ella me conoce como a nadie y sabe que algo me pasaba y que tenía que ver con él.

- Bueno chicos, ha sido un placer conoceros y espero que volvamos a vernos pronto. - dijo ella mientras me cogía de la mano. - Nosotras nos vamos ya que ha sido un día muy largo y estamos agotadas, muy buenas noches. - les sonrió.
- ¡Esperad! - Gritó Álvaro.
- Os acompañamos, que nosotros también íbamos en dirección a la habitación.  -le siguió Blas
- Si, nosotros también nos dirigíamos hacia allí. - Dijo David mientras se acercaba.

Les dijimos que no había problema, que ya que íbamos en la misma dirección que porque no ir juntos. Nos contaron algunas cosas, que ellos viven en Madrid (aunque viven en distintos lugares de España) y que tenían entre 20 y 25 años y la verdad es que para sus edades estaban todos muy bien.

- ¡Buenas noches princesas! - Nos dijo el recepcionista cuando pasamos por la entrada y nos dirigíamos al ascensor.
- Buenas noches. - le respondimos nosotras algo extrañadas.

- ¡Buenas noches eeeh simpático! - dijo Dani cuando entrabamos en el ascensor y sin que el joven trabajador le escuchara.

Ester y yo nos echamos a reír por la forma de contestar de Dani, fue graciosos que se picara.
Los demás también se rieron de él. 

- Dani se ha puesto celoso. Dijo David riéndose a carcajadas.
- No te pongas celoso Dani, es normal que le digan esas cosas a dos chicas tan jóvenes y guapas. - Argumentó Blas.
- No me pongo celoso, solo que hay más huéspedes en el hotel que también se merecen un "buenas noches" de los trabajadores, me parece algo machista que solo hable así con las chicas - dijo Dani

Ester y yo no podíamos dejar de reírnos, había que reconocer que eran muy majos y divertidos.

- ¡Buenas noches princesa! - dijo Carlos mientras despeinaba a Dani. Y eso fue lo que hizo estallar la risa a todos.

Llegó nuestra planta, la planta 2 y Ester y yo bajamos, ellos nos dijeron que se dirigían a la tercera, así que seguían su camino. Nos despedimos y nosotras nos dirigimos a nuestro cuarto, allí nos dejamos caer en las camas, demasiado cansancio acumulado, sabía que Ester querría hablar sobre el tema de mis nervios y Carlos, pero el cansancio era demasiado así que le di las buenas noches y me acosté. Sin mas remedió ella apagó la luz y se fue a dormir. Tendríamos que coger muchas fuerzas, porque eso solo era el principio, el inicio de unas vacaciones que pintaban muy pero que muy bien, unas vacaciones que serian inolvidables.




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