jueves, 25 de julio de 2013

Capítulo 14 - Te quiero

Nos dirigíamos hacia la piscina y recordé que no llevaba el bikini puesto ni me había traído los tapones para los oídos. 

- ¿Qué te pasa Ester? - me preguntó al verme un tanto preocupada.
- ¡Tenemos que ir a la habitación a buscar el bikini y mis tapones para los oídos!
- ¡No Ester! ¡Espera! Confía en mi, no te va a pasar nada - me contestó.
- ¡Pero que si me entra agua en el oído puedo quedarme sorda Álvaro!
- No te preocupes Ester, por favor, déjate de preocupar.

Confié en él al verle tan seguro aunque continuaba preocupada por mis oídos. Llegamos a la piscina infantil y Álvaro sin impedimento alguno se introdujo dentro, vestido. Yo no podía parar de reír, le veía nadar (si es que se podía nadar en aquella mini piscina) con ropa y con una sonrisa de niño. 

- ¿Te vienes Ester? Venga que se esta muy bien aquí... - me suplicó.
- Bueno, pero no se si cabremos eh - bromeé.

Los dos estábamos allí, en la piscina infantil, con toda la ropa empapada. Me puse en medio de sus piernas y empezamos a mirar las estrellas. 

- ¿Ves aquella estrella, Ester? - me dijo señalando una estrella que brillaba mucho.
- Sí 
- Pues... yo te quiero.

¿Había una manera más rara de decirme que me quería? ¿Una manera más lógica? ¿Una manera más perfecta? Me quedé mirándole sonriendo cual enamorada a su príncipe. Seguidamente le dí un beso en el cuello cosa que a él le encantó.

Era medianoche y le dije a Álvaro que ya quería ir a la habitación que empezaba a tener frío. Los dos empapados nos dirigimos hacia el edificio cuando de repente oímos a unas chicas gritando.

- ¡Álvaaro! ¡Álvaro! ¡¡¡Espera!!!

Eran las fans, cómo no, y Álvaro con lo buena persona que es se dispuso a saludarlas. Yo me iba a ir al ver tal panorama pero él me agarro de la mano fuerte fuerte y no me dejó marchar. Las chicas empezaron a hablar con él cuando de repente una de ellas...

- ¿Por qué coges la mano de la chica? ¿Es tu novia o algo? - preguntó

Álvaro me miró con una enorme sonrisa.

- Creo que puedo decir que... sí. - les contestó.
 
Me quedé mirándole con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Entonces éramos novios? ¿Era de verdad? 
Las chicas se le quedaron mirando y me repasaron a mi de arriba a bajo.

- ¿Entonces esta es tu novia? Pues que os vaya muy bien y cuando cortéis, me llamas.

La chica le dio un papelito con su numero de teléfono escrito en él y se fueron. Álvaro seguidamente me miró con cara de "vaya tela" y rompió el papel en mil pedacitos tirándolos seguidamente en la papelera más cercana. Nos dirigimos hacia mi habitación cuando me paró en medio del pasillo y me beso en los labios.

- Eres lo mejor que me ha pasado nunca, Ester. Hace una semana no te conocía y en estos pocos días me has cambiado la vida. Déjame preguntarte algo...
Álvaro se arrodilló.

- No te pediré que te cases conmigo, al menos aún no (dijo con una sonrisa), pero sí me gustaría pedirte que fueras mi novia. ¿Quieres serlo? 

Yo me arrodillé delante suyo, le miré a los ojos.

- Sí Álvaro, quiero ser tu novia.

Nos acercamos y nos besamos muy intensamente. Había muchos sentimientos del uno por el otro y así era una de las formas de expresarlo mejor. Estábamos hechos para estar juntos. 

Entramos en mi habitación donde seguidamente nos tumbamos a la cama.

- Álvaro, me haces tan feliz... Antes de conocerte nunca me habría pensado que encontraría el amor aquí, en éste viaje.
- Ester tu también he haces feliz. Me he dado cuenta de que no quería estar con otra chica, ni me importaban y es por eso que no voy a dejarte escapar. 
- Ni yo a ti cariño...

Nos abrazamos muy fuerte y encendimos la tele. Tocaron a la puerta. Fui a abrir y Álvaro me acompaño "por si acaso me robaban o algo". Era Carlos con Tamy en brazos, dormida. Entro rápidamente y la dejo lentamente en su cama dónde la besó en la frente y le dijo que la quería (aunque Tamy estuviera dormida). 

- Ester, mañana volvemos a ir de ruta por la isla. Tamy ya me ha dicho que se apunta, supongo que tu también ¿no?- preguntó Carlos
- Qué remedio, no la puedo dejar sola con tanto chico, me la pervertiríais. - me burlé
- Si, es que somos muy mala influencia - me replicó.
- Lo sé - les guiñé un ojo.

Álvaro se despidió de mi y se fue con Carlos a su habitación.

Como Tamy estaba dormida no me podía explicar nada, y aunque me moría de ganas, no la quise despertar. La arropé en su cama, me puse el pijama y cerré la luz. ¡A SOÑAR!

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