martes, 16 de julio de 2013

Capítulo 3 - Un día inolvidable

Un nuevo día en el paraíso. Nos levantamos, duchamos, vestimos y fuimos dirección al restaurante a comer algo antes de empezar la aventura. Esta vez yo conduciría, me encanta conducir y más si es en una carretera donde no hay demasiado trafico.

En la Gomera, al ser una isla pequeñita, no había demasiados vehículos, y eso nos facilitó el viaje hacia dónde queríamos ir: un parque natural que se llamaba "Selva Gomera". Era precioso, había muchos animales, nos hicimos una foto con dos loros muy bonitos (muy graciosa la foto, por cierto), todo increíble, además, era gratuito siempre y cuando respetáramos el entorno.

Pasamos una mañana increíble pero, llegó la hora de la verdad. Yo sabía que Tamy es una chica que se ilusiona rápidamente con los chicos, y el día anterior, al verla tan nerviosa, me daba entre miedo y alegría. No quería que le pasara nada, que se ilusionase y seguidamente no fuera todo como ella esperaba, es decir, que no confiara a la primera. Aunque sólo nos habíamos encontrado un sólo día con aquél chico y sus amigos, yo veía que algo había cambiado en Tamy. Esa sonrisa, esos ojos mágicos.

- ¿Tamy no tienes que contarme nada? - le pregunté.
- ¿Yo? - respondió
- Sí, tú. Ayer no me contaste nada y te conozco, algo pasó con aquél rubito... - dije.
- ¡Ah! ¡Ayer! Pues...- se puso roja - Mira... sabes cómo soy... y aquél chico fue muy majo, y además, no podrás negarme que ¡era monísimo! Cuando lo volví a ver, no creí que fuera una simple casualidad, y menos que se acercara. - me argumentó
- Tamy... Cuidado... - le advertí.
- Lo sé, lo sé - dijo.

Cambiamos de tema. Pensé que era mejor esperar que adelantarme a los echos. Ya era hora de buscar un buen sitio dónde comer y decidimos ir a un chiringuito cerca de la playa para después bañarnos. Pedimos unos perritos calientes, una coca cola y de postre, un granizado (muy saludable todo). Una vez terminamos ¡directas al mar! Playas de arena negra, que no se pega en la piel, era ideal, volveríamos muchas más veces.

Y volvimos al hotel, conduciendo cuando el Sol ya estaba rozando el horizonte y el cielo más rosa que azul.
Pero... pasó algo. ¡MEEEEEEEEC! El claxon de un coche. Miré por el retrovisor, vi que conducía un chico y si no veía y recordaba mal, era Dani, uno de los amigos de Carlos. Como tenía que estar mirando la carretera, fue Tamy quien se giró y vio que Carlos sacaba la cabeza por la ventanilla y le decía "!Chocolatia!". Tamy se puso a reír y luego Dani aceleró y se puso a nuestro lado. Nos dijo que le siguiéramos, que nos quería enseñar un mirador que horas antes habían encontrado camino al hotel. Le seguimos, no estaba muy lejos del hotel. Allí bajamos del coche y... Otra vez Tamy y Carlos echándose miraditas. ¿Pero esto que es? Pensé yo. Pero aquello era real, la atracción que existía entre ellos era palpable.

Se acercaron los chicos y enseguida Tamy y Carlos empezaron a hablar.

- Lo que puede hacer un pastel de chocolate, ¿eh? - dijo David.
- La verdad es que sí - respondí riéndome.
- Pues a mi me gusta más el pastel de nata o frutas- comentó Ávaro.
- Con que nata ¿eh? Pillín... - Se rió Blas.

Todos nos pusimos a reír, aunque para mi era un poco raro. Que estuviera con unos chicos que casi no conocía con los cuales no tenía confianza ni nada, y allí, sola, ya que Tamy estaba con Carlos en la barandilla del mirador hablando y riéndose todo el rato. Pero aquellos chicos tenían algo de especial, parecía que los conociera de hace tiempo aunque no fuera así, y sin darme cuenta, acabé sintiéndome una más.

Estaba siendo un día maravilloso, con una mañana turística al lado de mi amiga, una tarde en una playa preciosa y ahora un atardecer acompañada de estos cinco chicos que la verdad es que eran muy majos y divertidos. David jugaba con Dani a pelearse y pegarse (un típico juego de chicos, supongo) mientras que Álvaro, Blas y yo estábamos hablando de tales vistas, que la verdad es que eran realmente hermosas. Por otra parte, Tamy y Carlos a su bola, haciendo el tonto y riéndose.


Me alegraba ver que mi amiga estaba tan contenta e ilusionada, aunque a la vez seguía algo preocupada.

- Tranquila, Carlos es buen tío. - Dijo Álvaro sentándose en el capote del coche.

- No... si no lo niego. - le respondí apoyándome en el vehículo junto a él.
- Pero los estabas mirando ¿no? Es normal que estés preocupada, nos conocéis desde hace solo un día. Yo también desconfiaría un poco. - Se rió.
- No es que desconfíe, solo... que me preocupo por ella, que no quiero que le hagan daño. - le argumenté.
- Eres una gran amiga Ester. Me dijo lanzándome una sonrisa que me fulminó.

Por un momento me quedé paralizada, sólo podía mirarle la sonrisa y segundos más tarde descubrí esos ojos tan verdes. Había estado tan atenta y concentrada en Tamy y Carlos, que no me había dado cuenta de que este chico tenía algo que me enternecía. Mi corazón empezó a palpitar, ¿sería esto lo que siente mi amiga cada vez que ve a su "chico de chocolate"? No creo, pero lo que estaba claro es aquello sólo era el comienzo.

Tocaron las 23:00 y se hizo tarde, decidimos volver al hotel y descansar (porque habíamos tenido un día muy cansado aunque intenso e increíble). Cada uno subió a su coche y volvimos. En el parking nos despedimos, ellos decidieron quedarse un rato en la piscina. Nosotras por otra parte no podíamos ni con nuestras almas así que nos fuimos a la habitación.

Cuando llegamos al dormitorio, nos pusimos el pijama y nos tumbamos en las camas. Le conté a Tamy lo que había sucedió con Álvaro, que algo en mi interior se había removido con su sonrisa. Y ella me contó un poco sobre el tema de que hablaba con Carlos y aunque al principio fuera sobre tartas y postres (como no), se conocieron un poquito más, y lo más importante: se rió mucho (cosa que ya había visto).


Al terminar nuestra charla, decidimos acostarnos. Teníamos que recargar energía para el día siguiente. Así que cerré los ojos y me dispuse a descansar y a soñar. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario