Un buen día de primavera, Tamy (19 años) y Ester (19 años) se fueron de compras al centro comercial de su ciudad. Cuando llegaron se encontraron con una chica que repartía publicidad, resulta que era de un sorteo en el que te podía tocar un viaje a cualquier parte de España (a escoger) durante un mes, todo incluido.
Nosotras no creímos que nos pudiera tocar tal sorteo, ya que no teníamos demasiada suerte en estas cosas, pero... el número que tocó fue el 2223 ¡precisamente nuestro número! No nos lo acabamos de creer hasta que fuimos a la oficina de información y evidentemente, no había ningún error, ¡nos íbamos de vacaciones!
Y aquí empieza nuestra historia...Un caluroso día de verano del 2012, cuando Tamy y yo decidimos irnos de viaje a las Islas Canarias, exactamente a La Gomera, no sabíamos por qué, pero buscamos información sobre esa isla y tenía algo especial. Así que ¡ALLÁ VAMOS!
Teníamos delante de nosotras una oportunidad única en la vida y teníamos que aprovecharla.
Nos hospedamos durante todo el mes en el hotel Playa Calera (precioso lugar), exactamente en la habitación 203, había jacuzzi, terraza, dos camas de matrimonio (gigantes), un sofá-cama, un televisor extraplano, un armario MUY GRANDE dónde cabían todas nuestras cosillas, y el baño ¡qué baño! muy grande y moderno. ¡Ah y ni hablemos de las vistas! des de nuestra habitación podíamos ver la piscina, una montaña rocosa preciosa y una playa de arena negra en el horizonte donde se podían ver perfectamente las puestas de sol. ¿Podíamos pedir más? Creo que no.
No terminábamos de ponernos de acuerdo con las camas, las dos queríamos la misma, la que estaba más cerca de la ventana (y también estaba más fresquita) para que cuando nos levantáramos cada mañana viéramos esas increíbles vistas. Al final lo hicimos a suertes y gané yo (risas).
Cuando bajamos a recepción el recepcionista (por cierto, muy guapo) nos llamó por nuestros nombres y nos dio unas llaves de un Citroën ds3 descapotable de color blanco. ¿Qué significaba eso? ¿Además tendríamos coche? No podíamos parar de preguntarnos cosas y de pensar que aquello no era real pero, lo era.
Tamy me cogió las llaves de la mano y sé fue corriendo a por el coche, cosa que yo no corrí porque sabía que no se iría sin mi. En cuanto llegué, Tamy ya estaba dentro del coche y:
-Me pido conducir primero - dijo.
- Miedito me das - le respondí.
- ¡Que no hombre! ¡Soy una conductora excelente! - me replicó.
- ¡LOS CINTURONES! - dije yo medio en broma medio en serio.
Arrancó el coche y fuimos a visitar un poquito la isla para saber dónde nos gustaría ir la mañana siguiente ya que ya era tarde.
En cuanto llegamos, agotadas, nos dirigimos a cenar al buffet libre del hotel. La comida estaba muy rica, había de todo, pasta, fruta, pasteles, arroz, carne, pescado, verduras, ensaladas, etc. Cuando tocaba el postre, Tamy tenía muy claro que quería un trozo de aquél pastel de chocolate que tan buena pinta hacía (ya que el chocolate la vuelve loca). Yo cogí un par de trozos de melón.
Tamy se levantó, fue dirección donde estaban los postres y en cuanto llegó al pastel, se topó con un chico que le resultaba algo familiar.
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